Me costaba
imaginar a una orquesta de provincia interpretando nada menos que una selección de Cats y la
Quinta Sinfonía de Beethoven. No era por restarle méritos a la Sinfónica de
Oriente, pero era enorme el reto de hacer el gran éxito de Broadway y la obra
más conocida del compositor alemán. Pero sí. Lo hizo y con el desenfado y la
maestría con que tocan los grandes. Impresionante la presentación del sábado en
la noche en la Sala Dolores.
No dudo que
haya sido idea del director Jorge López Marín, un villaclareño loco por la
música que compartió esta vez el escenario con los de Santiago de Cuba. Era
realmente atrevido el repertorio, y por si fuera poco, mezclarlo con congas y
caringas. Como diría él mismo, era como
“ir de palo pá rumba, pero esta vez de sinfonía a congas”.